En una maniobra arriesgada y violenta, dos intrusos que se metieron encapuchados en un instituto de menores consiguieron reducir a varios celadores para “rescatar” a dos internos que habían ido a buscar. Aprovechando las circunstancias, otros cinco también se escaparon. En el prontuario de los prófugos -hay dos de 18 años y uno de 19- figuran causas como homicidios y robos agravados.
Alrededor de las 23 de la noche del sábado, dos desconocidos llegaron hasta el complejo Villa Nueva Esperanza, que queda en 520 y 226. Al parecer contaban con el apoyo de cómplices y de un auto, según las presunciones que se manejan.
Ambos saltaron primero un paredón para después romper un alambrado perimetral. Tenían en claro que su objetivo era irrumpir en el instituto Aráoz Alfaro, uno de los seis que funcionan en ese predio.
De ese recinto, destinado a los internos de máxima seguridad, los delincuentes tenían planificado liberar a dos adolescentes. Tenían previsto cada paso.
“Uno de los internos le pidió a los guardias que cerraran una ventana porque hacía frío. Cuando esa persona fue para afuera la abordaron. Lo estaban esperando”, relató Patricio, un celador de otro centro de detención que hay en ese complejo.
PRIMERO, UN ROBO
Cada uno de los intrusos empuñaba un revólver. Así redujeron a los cinco cuidadores, que trabajan desarmados. Los obligaron a tirarse al piso y los amordazaron, de acuerdo al relato de ese mismo asistente. A los celadores les sacaron todo lo que tenían: celulares, anillos, llaves de autos y otras pertenencias. Además, las sometieron con golpes en la cabeza y patadas por todo el cuerpo.
Los delincuentes le abrieron la celda a los dos menores que habían ido a buscar. Claro que, sin rejas por delante, otros cinco aprovecharon para hacer lo mismo.
Con su objetivo ya cumplido, al cabo de aproximadamente media hora de haberse metido en el complejo, los desconocidos fueron por más.
“Vinieron hasta el instituto donde trabajo yo y nos pidieron pasar, dando los nombres de los guardias que habían reducido. Reconocimos que no eran sus voces y no les abrimos. Por otro sector los vimos. Eran ocho y nos decían que nos quedáramos quietos, porque nos iban a quemar”, señaló Patricio, que en ese momento estaba acompañado por otros tres colegas.
Esas cuatro víctimas salieron corriendo para zafar de la amenaza. Con su celular, el celador quiso llamar al 911, pero no había señal y no pudo hacerlo. Sólo alcanzó a avisarle al personal de los otros institutos.
Los delincuentes más los internos decidieron por fin irse de ahí. Enfilaron hasta la entrada principal, donde hay una custodia policial y ahí “quisieron sacarles las armas” a los efectivos. Según dijo Patricio, el personal resistió ese intento, pero no pudo evitar la fuga, por la que la fiscal Virginia Bravo declinó competencia en la Justicia de Menores.
En este contexto, el celador pidió cambios en sus condiciones laborales: “Trabajamos regalados, se necesitan normas estrictas en materia de seguridad”.
Al cierre de esta edición, no habían logrado recapturar a ninguno de los evadidos.
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